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fruits and vegetables isolated on a white background

“Todo lo que comemos afecta a nuestro organismo.” NUTRICIÓN ORTOMOLECULAR

Cada vez se publican mas estudios en los que se investiga la influencia de la alimentación y los diferentes nutrientes que ingerimos en nuestro día a día y cómo afectan a las reacciones metabólicas del organismo. En esta entrada expondremos la influencia que pueden tener determinados alimentos en la proliferación o reducción de los procesos inflamatorios.

Una inflamación es una reacción natural (innata) del organismo cuyo fin es eliminar las toxinas, alojadas en células y tejidos, que están entorpeciendo el metabolismo normal de las células. Debido a la eliminación de las toxinas, muchas son las teorías que indican que la inflamación no debe de suprimirse por completo mediante medicación, si no que es mejor suavizarla cumpliendo con el papel “sanador” que ejerce en nuestro organismo.

En nuestro cuerpo existen, entre otras, unas sustancias encargadas de regular la inflamación, se conocen como Prostaglandinas. Hay 30 tipos de prostaglandinas agrupadas en 3 grupos  PG1, PG2 y PG3. De estos 3 tipos, las PG2 se encargan de favorecer la inflamación (proinflamatorias) y las PG1 y PG3 la reducen (antiinflamatorias). Ambos tipos de prostaglandinas son necesarias en nuestro organismo para la eliminación de las sustancias de desecho.

Mediante la nutrición podemos agravar o reducir la inflamación, ya que dependiendo del alimento, se favorece la segregación de uno u otro tipo de prostaglandinas. En el caso de querer reducir la producción de Prostaglandinas proinflamatorias debemos reducir la ingesta de productos cárnicos, huevos y leche, además de evitar los alimentos ricos en omega 6 como los frutos secos. Por el contrario, para favorecer la producción de Prostaglandinas antiinflamatorias hay que aumentar la ingesta de alimentos ricos en omega 3 como el pescado y las hojas verdes.

Hay que tener presente que un alimento por sí solo no resolverá la inflamación, ya sea sistémica o de algún tejido, pero puede contribuir a la aceleración o frenado del proceso inflamatorio. La dieta mediterránea es un buen ejemplo de una dieta que favorece la producción de prostaglandinas antiinflamatorias, ya que se basa en el consumo de alimentos de origen vegetal (frutas, verduras, aceite de oliva…), legumbres, cereales (mejor integrales), un consumo moderado de pescado y bajo de productos de origen animal (carnes, huevo y leche), evitando, en todo momento, la ingesta de azúcares y aditivos artificiales que podemos encontrar en distintos alimentos.

Como siempre es importante acudir a un profesional para el estudio exhaustivo de cada caso y poder adecuar, ya sea la dieta o el estilo de vida.